¿Cómo se le llama a la fachada trasera? Arquitectura, diseño y terminología urbana
Cuando pensamos en una edificación, ya sea una casa residencial de estilo clásico o un complejo de viviendas moderno, nuestra mente suele evocar de inmediato la imagen de la entrada principal. Esa carta de presentación que da a la calle concentra por lo general los elementos más ornamentados, el acceso formal y el diseño estructural destinado a impresionar al transeúnte. Sin embargo, los edificios son volúmenes tridimensionales completos que cuentan con múltiples caras, siendo la opuesta a la principal un elemento crucial tanto en el plano técnico como en el funcional.
La interrogante sobre cómo se le denomina correctamente a la fachada trasera abre la puerta a un fascinante recorrido por el vocabulario de la arquitectura, el urbanismo y la construcción. Lejos de existir un único término, la designación de este paramento exterior varía de manera significativa según el contexto geográfico, el tipo de inmueble (arquitectura civil, religiosa o vernácula) y el grado de formalidad técnica con el que se esté analizando la obra.
Los términos técnicos y formales más precisos
En el ámbito estrictamente académico y profesional de la arquitectura y la ingeniería civil, se utilizan denominaciones que buscan la máxima precisión descriptiva, evitando ambigüedades espaciales:
Fachada posterior: Es el término más universal y neutro dentro de la jerga técnica. Define sin margen de error cualquier paramento exterior de un edificio que se encuentra opuesto a la fachada principal o de acceso principal.
Contrafachada: Muy empleado en el lenguaje urbanístico y de tasación inmobiliaria, este concepto hace referencia directa a la cara del edificio que mira hacia el interior de la manzana, al contra frente o hacia áreas de servicio privadas, contraponiéndose visual y funcionalmente al frente que da a la vía pública.
Fachada secundaria: Aunque puede aplicarse también a los laterales (o fachadas colaterales), se utiliza con frecuencia para englobar aquellos alzados que no tienen un protagonismo representativo en la composición urbana del edificio, priorizando la utilidad frente a la estética ornamental.
Variaciones según el tipo de arquitectura
El lenguaje arquitectónico cambia de forma radical si trasladamos el análisis de una vivienda unifamiliar a la arquitectura histórica o religiosa. En el caso de los templos y catedrales tradicionales, por ejemplo, la terminología adquiere matices muy específicos:
La cabecera y el testero: En la arquitectura religiosa cristiana, la fachada principal suele orientarse tradicionalmente hacia los pies del templo (el poniente), mientras que la fachada trasera o testero corresponde habitualmente a la cabecera, donde se ubica el ábside y el altar mayor.
En este contexto, el testero o muro posterior es un elemento de enorme carga simbólica y artística, alejándose por completo del concepto utilitario que a veces reviste la parte trasera de una casa moderna. Fachada al jardín o al patio: En la arquitectura residencial de baja densidad (como chalets o adosados), la fachada posterior suele recibir nombres comerciales o descriptivos vinculados directamente con su uso, tales como fachada al jardín o fachada de la trasera, puesto que normalmente abre paso a espacios de esparcimiento privado, terrazas, piscinas o patios posteriores.
¿Te gustaría profundizar en cómo varía el tratamiento estético y los materiales de construcción utilizados entre una fachada principal y una fachada posterior en la arquitectura contemporánea?
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