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La tercera persona en inglés se utiliza principalmente cuando hablamos de alguien o algo que no es ni el emisor ni el receptor del mensaje. Es el terreno de "he", "she", "it" y "they". Olvídate de rodeos: la necesitas siempre que narres hechos objetivos, redactes ensayos académicos o describas la rutina de un tercero. Su dominio separa a los principiantes de los hablantes fluidos, ya que activa una regla gramatical crucial que suele provocar dolor de cabeza: la famosa "s" final en el presente simple.
Contexto y fundamentos de la perspectiva lingüística
Para entender este engranaje, debemos fragmentar cómo percibimos la comunicación. El lenguaje es un juego de espejos. La primera persona ("I", "we") es el espejo propio; la segunda ("you") es el interlocutor frente a nosotros. Pero el universo es gigantesco, y el 99% de las cosas que existen caen indefectiblemente en la tercera persona. Aquí es donde la gramática inglesa se vuelve rigurosa y exige un cambio de chip mental.
Cuando empleamos los pronombres singulares "he" (él), "she" (ella) o "it" (eso/objeto/animal), el verbo en presente simple sufre una mutación obligatoria. No es un capricho ornamental; es un marcador de concordancia heredado de estructuras germánicas antiguas que sobrevivió a la drástica simplificación del inglés moderno. Si dices "he run", el oído de un nativo percibirá un chirrido inmediato. Lo correcto, lo natural, es "he runs".
Existe una fascinante paradoja aquí. Mientras que la tercera persona del plural ("they") se comporta de manera dócil y mantiene el verbo en su forma base (como en "they sleep"), el singular se vuelve quisquilloso. Esta distinción morfológica es el pilar de la narrativa. Sin ella, los textos pierden su anclaje temporal y su precisión. Su uso no se limita a pronombres explícitos; cualquier sustantivo singular, como "the dog" o "the company", activa automáticamente esta dimensión gramatical.
Análisis clave del fenómeno verbal y sus mutaciones
Profundicemos en la verdadera encrucijada: las alteraciones ortográficas de esa esquiva "s". No basta con estampar la letra al final de cualquier palabra; el inglés exige respetar la fonética. Cuando un verbo termina en sonidos sibilantes o estridentes —como -ch, -sh, -ss, -x o -z— la adición de una simple consonante haría imposible la pronunciación. Intenta decir "watchs" sin trabarte la lengua. Imposible. Por ende, la regla exige sumar una "es", transformándolo en "watches" o "fixes".
El terreno se vuelve más pantanoso con las palabras terminadas en "y". Aquí se libra una batalla silenciosa dependiendo de la letra precedente. Si antes de la "y" hay una consonante, como en "cry", la "y" se rinde y se transforma en una "i" latina antes de recibir su correspondiente "es" ("cries"). En cambio, si la precede una vocal, como en "play", la estructura se mantiene intacta y solo se añade la "s" ("plays"). Es un baile ortográfico preciso.
¿Y qué pasa con los verbos irregulares? "Go" y "do" se convierten en "goes" y "does". Pero el verdadero rey del caos es el verbo "have", que muta por completo hacia "has". Memorizar estos patrones no es cuestión de talento, sino de pura exposición y análisis crítico de la estructura. Cada una de estas variaciones responde a una evolución histórica diseñada para mantener el ritmo y la cadencia natural del idioma anglosajón.
Implicaciones prácticas en la redacción formal y académica
Más allá de las reglas ortográficas, la elección de la tercera persona define el tono y la credibilidad de tu discurso. En el ámbito académico, el "yo" está prácticamente proscrito. Utilizar la primera persona debilita el argumento, haciéndolo parecer una mera opinión subjetiva. Al transicionar hacia la tercera persona, el texto adquiere un aura de neutralidad científica e incontestable. No es lo mismo escribir "I think the data is wrong" que sentenciar "The data suggests an error".
La tercera persona actúa como un filtro de objetividad. Aleja el foco del autor y lo deposita firmemente sobre el objeto de estudio. En manuales técnicos, informes financieros, periodismo de investigación y literatura de ficción, esta perspectiva es la norma imperante. Te obliga a reestructurar el pensamiento, a buscar sujetos universales y a construir oraciones con una solidez institucional que genera confianza instantánea en el lector.
Errores comunes y consejos de expertos
Al redactar en tercera persona, el error más frecuente es la inconsistencia de los pronombres. Muchos autores comienzan un análisis usando la tercera persona y, de manera inconsciente, cambian a la segunda persona ("you" o "tú") al intentar conectar directamente con el lector. Esto rompe la formalidad y confunde el tono del texto.
Otro tropiezo habitual en inglés es la concordancia entre sujeto y verbo, específicamente la omisión de la "s" o "es" en el presente simple para he, she o it. Por ejemplo, escribir "the author argue" en lugar de "the author argues". Para evitar esto, los expertos recomiendan realizar una lectura final enfocada exclusivamente en verificar que cada verbo se alinee correctamente con su sujeto singular o plural.
Finalmente, se suele abusar de la voz pasiva para forzar la objetividad. El consejo clave es recordar que la tercera persona funciona perfectamente con la voz activa. En lugar de escribir "The data was analyzed by the team", es mucho más directo y profesional redactar "The team analyzed the data".
Preguntas frecuentes
1. ¿Se puede usar la tercera persona plural ("they") para alguien cuyo género se desconoce?
Sí, absolutamente. El uso de "they", "them" o "their" como pronombre singular neutro está totalmente aceptado en el inglés moderno, tanto en el ámbito periodístico como en el académico, para evitar la redundancia de "he or she".
2. ¿Es incorrecto usar la primera persona ("I") en un ensayo académico?
No siempre es incorrecto, pero depende estrictamente de las guías de estilo (como APA o MLA) y de las indicaciones del profesor. La tercera persona sigue siendo la opción predeterminada para garantizar la máxima objetividad científica.
3. ¿Cuándo se debe cambiar de la tercera persona a otra en un mismo texto?
Solo se debe cambiar si la estructura del texto lo justifica, como en una sección de conclusiones personales o metodológicas donde se requiera relatar la experiencia directa del investigador, volviendo luego al tono objetivo.
Veredicto editorial
Dominar la tercera persona en inglés es el verdadero reflejo de una escritura madura, profesional y rigurosa. Aunque al principio puede sentirse una narrativa distante o rígida, la realidad es que otorga una autoridad incomparable a tus argumentos. Al eliminar el "yo" o el "tú", el contenido se vuelve universal, permitiendo que las ideas hablen por sí solas y que el lector se concentre puramente en la calidad de la información expuesta.
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