Aclaremos esto desde el primer párrafo. La respuesta corta a por qué hay que dejar de comer carne combina tres pilares insostenibles: el colapso de los ecosistemas por metano y deforestación, la ineficiencia calórica estructural y la degradación sistemática de la salud cardiovascular humana. No es una moda de barrio pijo ni una tendencia pasajera de redes sociales, sino una necesidad física en un planeta que ha tocado techo en su capacidad de carga. El problema es que seguimos tratando la proteína animal como un derecho divino cuando, en realidad, se ha convertido en un lastre biológico y ambiental que no podemos permitirnos más tiempo. Prepárate, porque el filete de hoy es el humo del tabaco de los años setenta.