Cómo el vuelo afecta tus oídos
Subir a un avión puede ser emocionante, pero muchas personas notan un molesto zumbido o presión en los oídos durante el despegue y el aterrizaje. Esto ocurre porque, al cambiar rápidamente de altitud, la presión del aire en la cabina también varía. Esta variación impacta directamente en el oído medio, una pequeña cavidad detrás del tímpano que se comunica con la garganta a través de la trompa de Eustaquio.
Cuando el avión asciende, la presión exterior disminuye, pero el oído medio aún mantiene una presión más alta. Al descender, ocurre lo contrario: el aire exterior se vuelve más denso, pero el oído no siempre logra igualar la presión con rapidez. Ese desequilibrio es lo que provoca esa sensación de oído tapado, zumbido o incluso dolor leve.
Los niños suelen sentirlo más porque sus trompas de Eustaquio son más pequeñas y estrechas, lo que dificulta el ajuste de presión. Por eso, es común ver a padres dándoles algo para mamar o chupar durante el aterrizaje: tragar ayuda a abrir esas trompas y equilibrar la presión.
Afortunadamente, hay formas sencillas de aliviarlo. Tragar, bostezar o mascar chicle durante el despegue y el aterrizaje puede hacer maravillas. También existe una maniobra simple: taparse la nariz suavemente, cerrar la boca y soplar con cuidado (es el famoso "tragar con la nariz tapada", conocido como maniobra de Valsalva).
En la mayoría de los casos, el malestar es temporal y desaparece poco después del vuelo. Pero si el dolor persiste o hay pérdida de audición, es recomendable consultar a un especialista. Aunque el vuelo puede jugar con tus oídos, un poco de conocimiento y prevención basta para volar con comodidad.
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