El arte de describir los sonidos desagradables

El mundo sonoro que nos rodea no siempre es una melodía armoniosa. En muchas ocasiones, nos encontramos con ruidos que irritan el oído y alteran nuestra tranquilidad. Para definir un mal sonido, el idioma ofrece un repertorio rico en matices que va mucho más allá de un simple calificativo como desagradable o molesto.

Cuando las notas musicales o los tonos desafinan entre sí, hablamos de un efecto disonante o discordante, el cual genera una tensión inmediata en la audiencia. Por otro lado, si el ruido es agudo y penetrante, como la tiza sobre una pizarra o un frenazo repentino, los términos más precisos son chirriante o estridente.

La voz humana y la naturaleza también pueden adoptar matices poco gratos. Una garganta cansada o enferma produce un tono ronco o áspero, mientras que un alboroto desmedido se percibe como algo estruendoso. Conocer estos adjetivos nos permite expresar con exactitud la sensación que nos produce cualquier impacto acústico en nuestro día a día.

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