Cómo manejar los terrores nocturnos en los niños
Los terrores nocturnos pueden ser una experiencia angustiante para los padres. Aunque parecen similares a las pesadillas, no lo son. Ocurren durante las primeras horas de sueño profundo, y el niño generalmente no recuerda el episodio al día siguiente.
Si tu hijo sufre un terror nocturno, lo más importante es mantener la calma. No intentes despertarlo: forzar el despertar puede hacerlo más confuso y agitado. Lo mejor es quedarte a su lado en silencio, en un ambiente tranquilo, sin hablarle ni moverlo bruscamente.
A veces, los niños pueden incorporarse, gritar o incluso caminar dormidos sin estar realmente conscientes. Durante estos momentos, es clave protegerlos de lesiones. Asegúrate de que no choque con muebles, no se caiga de la cama o intente bajar escaleras. Retírate objetos peligrosos del entorno si es necesario.
En la mayoría de los casos, el episodio dura solo unos minutos. Con paciencia, el niño volverá a dormirse solo. No es necesario despertarlo completamente, ya que podría afectar su ciclo natural de sueño.
Estos episodios son comunes en niños entre 3 y 12 años, y suelen desaparecer con el tiempo. Aunque no hay un tratamiento específico, mantener una rutina de sueño estable, evitar la fatiga y reducir el estrés pueden ayudar a prevenirlos.
Si los terrores son frecuentes o intensos, conviene consultar al pediatra. Pero en general, con cariño, paciencia y un poco de calma, tanto tú como tu hijo podrán superar estos episodios sin complicaciones.
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