¿Te estás volviendo loca? No, es gaslighting
“Te estás imaginando cosas”, “Eres muy dramática”, “Solo quieres hacerme sentir mal”… Frases que, en apariencia inofensivas, pueden esconder algo más tóxico: el gaslighting. Es una forma de manipulación emocional en la que una persona hace que dudes de tu realidad, de tu memoria o incluso de tu cordura.
No se trata de un malentendido ocasional. Es un patrón. Alguien repite estas frases una y otra vez hasta que empiezas a cuestionarte si acaso tú exageras, si estás siendo demasiado sensible o si, en efecto, te estás volviendo loca. Pero no lo estás. Solo estás siendo manipulada.
El término viene de una obra teatral y película de los años 40, donde un marido intenta convencer a su esposa de que está perdiendo la razón, apagando las luces y negando luego que algo haya cambiado. Hoy, el gaslighting se usa en relaciones personales, laborales e incluso familiares. Suele comenzar con pequeños comentarios, frases que suenan a broma, pero que poco a poco van minando tu confianza.
Un amigo puede decirte: “Nunca te enojas por algo importante, siempre es en tu cabeza”. Una pareja: “Tú provocaste todo, por eso reaccioné así”. Y aunque no haya intención clara de herir, el efecto es el mismo: te sientes confundida, culpable, desequilibrada.
Reconocer estas frases es el primer paso. Si constantemente te hacen sentir que estás equivocada, que exageras o que no entiendes lo que pasa, puede que no sea tu problema… sino el intento de alguien por controlarte. Y eso no es amor, ni amistad. Es manipulación.
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