Cómo se interrumpe el plazo de prescripción
El plazo de prescripción no es inamovible: puede detenerse o reiniciarse bajo ciertas circunstancias. Cuando hablamos de prescripción, nos referimos al tiempo legal que debe transcurrir para que un derecho se pierda por falta de ejercicio. Sin embargo, ese reloj no sigue su curso sin posibilidad de intervención.
La clave está en la interrupción del plazo. Esto ocurre cuando hay actos concretos que demuestran que el derecho aún está vivo. Por ejemplo, si un acreedor presenta una demanda, inicia un trámite judicial o envía una notificación formal reclamando el cumplimiento de una obligación, el tiempo de prescripción se interrumpe y comienza a contar de nuevo desde cero.
También se interrumpe cuando el deudor reconoce la deuda de forma expresa o implícita. Esto puede suceder al firmar un acuerdo de pago, hacer un abono parcial o simplemente admitir verbalmente la obligación ante testigos. En estos casos, la ley entiende que el derecho sigue vigente y, por tanto, no puede extinguirse por prescripción mientras haya muestras claras de actividad.
Un caso relevante que ilustra esta figura es el Amparo Directo en Revisión 3359/2020, promovido ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación (scjn.gob.mx), donde se analizó precisamente cómo ciertos actos procesales pueden afectar el curso de la prescripción. Este tipo de resoluciones refuerza la idea de que el derecho no se pierde automáticamente: depende del comportamiento de las partes.
En resumen, la prescripción no es un destino inevitable. Mientras haya interés real en hacer valer un derecho —ya sea por acción del acreedor o reconocimiento del deudor—, el tiempo se interrumpe y el derecho permanece protegido.
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