¿Cómo llamamos a las personas sin casa?

Escuchamos distintas palabras para referirnos a quienes viven en la calle: vagabundo, sintecho, mendigo, indigente o, más recientemente, persona sin hogar. Pero, ¿cuál es la más adecuada? Y más importante aún, ¿cómo hablamos de estas personas sin estigmatizarlas?

La Real Academia Española (RAE) ha recibido llamadas ciudadanas preocupadas por el lenguaje que usamos. Una de ellas, famosa en redes, fue la “llamada de la silla S”, en la que una mujer cuestionaba por qué en el diccionario no aparecía “sintecho” como sustantivo. La conversación se volvió viral, pero también puso sobre la mesa una reflexión profunda: el lenguaje importa.

Palabras como “vagabundo” o “mendigo” muchas veces llevan un tono peyorativo, como si la falta de hogar fuera una elección. En cambio, decir “persona sin hogar” humaniza: recuerda que detrás de esa situación hay una historia, a menudo de exclusión, crisis económica o abandono.

La RAE, aunque conservadora por naturaleza, escucha. Y aunque “sintecho” ya aparece en su diccionario como adjetivo y sustantivo, el debate sigue vivo. ¿Debemos normalizar un lenguaje más empático? Muchos especialistas dicen que sí. No se trata solo de corregir el diccionario, sino de cambiar la mirada social.

Al final, no se trata de política lingüística, sino de dignidad. Cada palabra que usamos construye el mundo que queremos. Y tal vez, como sugirió aquella llamada inolvidable, lo que falta no es solo una definición… sino una silla donde sentarse.

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