¿Cómo llamar a una persona mentirosa sin repetir?

Cuando alguien miente con frecuencia, las palabras no faltan en el español. Más bien, sobran. Dependiendo del país, el tono o la gravedad de la mentira, hay un sinfín de formas de nombrar a una persona deshonesta. Embustero y mendaz suenan más literarios, pero igual de contundentes. Mientras que farsante o hipócrita apuntan no solo a la mentira, sino a una falsa apariencia de honestidad.

En el habla cotidiana, el léxico se vuelve más colorido. Cuentista, novelero o macaneador son comunes en Argentina y Uruguay, donde contar historias exageradas es casi un arte. En otros lugares, fulero, fullero o bolero suenan más naturales, especialmente si la mentira viene de alguien que intenta ganar algo con trampa.

Hay términos que van más allá de la simple falsedad. Calumniador implica que las mentiras dañan la reputación de otros, mientras que farsante o fariseo cargan un matiz moral, casi religioso, por fingir virtudes que no se tienen.

Y en el registro más informal, el lenguaje se pone creativo: jetón, bocón, globero, chilero o chivero son giros regionales que, aunque no todos son conocidos en toda Hispanoamérica, revelan cómo cada cultura bautiza al engaño con picardía. Incluso pajero o sirifico pueden usarse en ciertos contextos para tachar a alguien de falso o fanfarrón.

Al final, no importa cómo lo digas: si alguien vive entre medias verdades y puras invenciones, el lenguaje popular siempre tendrá un apodo listo. Tramposo, falso, engañoso... la lista sigue. Y probablemente, cada día crece un poco más.

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