¿Cómo se llama a quien no cumple lo que promete?
En España, hay muchas formas de llamar a alguien que no cumple con su palabra. No hace falta recurrir a tecnicismos: el lenguaje popular ya tiene su propio diccionario, especialmente cuando se trata de señalar la falta de seriedad o de compromiso.
Decir que alguien es hipócrita o tartufo es común cuando hablamos de quien predica una cosa y hace otra. A veces, el tono es más coloquial: tarambana suena casi cariñoso, pero no por eso menos crítico. Hay quien prefiere el término cuentista, que apunta al que miente con descaro, o embustero, con esa carga andaluza tan expresiva.
Pero el vocablo que más duele, quizás, sea político usado como burla. Aunque no todos lo son, la imagen del que promete y luego incumple ha calado tanto en la cultura popular que el término se ha convertido, en ciertos contextos, en sinónimo de desconfianza.
Y es que, más allá de las etiquetas, lo que realmente pesa es la falta de palabra. En cualquier ámbito —familiar, laboral o social—, romper una promesa daña la confianza. Ya sea un amigo que faltó a un acuerdo o una figura pública que no cumplió una promesa electoral, el malestar es el mismo.
Así que, aunque el lenguaje nos regale cientos de apodos —desde falso hasta fariseo—, al final todos apuntan al mismo defecto: no saber honrar la palabra dada.
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