El fascinante mundo del sonido: de lo inaudible a lo ensordecedor
Cuando pensamos en un sonido fuerte, solemos imaginar el rugido de un motor o el estallido de un trueno. Físicamente, la intensidad de estos sonidos se mide en decibelios y depende de la amplitud de la onda sonora. Sin embargo, el universo de la acústica va mucho más allá de lo que nuestros oídos pueden llegar a captar en el día a día.
El oído humano tiene sus propios límites geográficos. Existe todo un mapa de frecuencias que nos resulta completamente invisible. Por ejemplo, por encima del espectro audible convencional se encuentran los ultrasonidos, que son aquellas frecuencias superiores a los 20 kHz. Aunque nosotros no podamos escucharlos, animales como los delfines y los murciélagos los utilizan constantemente para orientarse y cazar en la oscuridad.
En el extremo opuesto del mapa están los infrasonidos, que corresponden a las frecuencias inferiores a los 20 Hz. Estos sonidos graves y profundos son generados por fenómenos naturales masivos como los terremotos, las olas del océano o las erupciones volcánicas. Aunque no los escuchemos de forma consciente, a veces podemos llegar a sentirlos como una vibración extraña en el cuerpo.
Así, la próxima vez que escuches un ruido atronador, recuerda que la Tierra está llena de otros sonidos igual de potentes, pero que ocurren en una dimensión totalmente silenciosa para el ser humano.
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