Cómo manejar los terrores nocturnos en los niños

Los terrores nocturnos pueden ser una experiencia angustiante para los padres, pero es importante saber que, aunque parecen intensos, son bastante comunes en la infancia y generalmente inofensivos. A diferencia de las pesadillas, los terrores nocturnos ocurren durante las fases profundas del sueño, normalmente en la primera parte de la noche.

Si tu hijo sufre un episodio, lo más recomendable es no despertarlo. Intentar hacerlo puede provocar más confusión y tardar más en calmarse. En cambio, lo mejor es sentarse en silencio cerca de él, sin intervenir demasiado, solo para asegurarte de que esté a salvo.

Es clave protegerlo de lastimarse si comienza a moverse, patalear o incluso caminar dormido. Aunque parezca muy despierto, no lo está, y no reconocerá tu voz. Tómate unos minutos para observar en calma y espera a que el episodio pase naturalmente. La mayoría de las veces, el niño regresa al sueño tranquilo en pocos minutos sin necesidad de intervención.

Para prevenir futuros episodios, es útil mantener una rutina de sueño constante, evitar dormir demasiado tarde o con estrés, y en algunos casos, despertar al niño unos minutos antes de la hora habitual del terror nocturno, lo que puede interrumpir el ciclo.

Los terrores nocturnos suelen desaparecer con el tiempo, especialmente al crecer. Mientras tanto, la calma, la paciencia y un ambiente seguro son las mejores herramientas que tienes como padre o cuidador.

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