La lectoescritura según el método Montessori

En el método Montessori, aprender a leer y escribir no se trata de memorizar, sino de descubrir. Desde pequeños, los niños comienzan por explorar los sonidos de las letras, no sus nombres. Así, en lugar de decir “ele”, se dice el sonido “l”, lo que facilita más tarde el armado de palabras.

Las grafías se introducen de forma sensorial: con las manos trazan las letras en relieve, usando materiales como las alfabetos móviles. Este contacto físico ayuda a interiorizar las formas mientras oyen y repiten los sonidos. No hay prisa. Cada niño avanza a su propio ritmo, guiado por su curiosidad y concentración.

La lectura mecánica llega de forma natural, después de que el niño ha asimilado los sonidos y las formas. Primero lee palabras simples, muchas veces acompañadas de ilustraciones que le dan contexto. Poco a poco, empieza a notar cómo las palabras se organizan en frases, su posición, su significado. Todo esto sin presión, sin exámenes, solo con materiales pensados para despertar el interés.

Lo más valioso del enfoque Montessori es que respeta al niño como protagonista de su aprendizaje. No se trata de llenar su cabeza con información, sino de acompañarlo mientras construye su propio mundo del lenguaje. La escritura surge casi como un juego: al mover las letras del alfabeto móvil, el niño escribe palabras antes incluso de poder hacerlo con lápiz y papel.

En este método, leer y escribir no es una meta escolar, sino una conquista personal. Y eso, sin duda, marca la diferencia.

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