¿Cómo será nuestro cuerpo después de la resurrección?
El cuerpo resucitado no será un espíritu etéreo, sino real, de carne y huesos. Eso lo dejó claro Jesús cuando, después de resucitar, se presentó ante sus discípulos y les dijo: “Palpad y ved; porque un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo” (Lucas 24:39). Este detalle es clave: la resurrección no significa desaparecer como fantasmas, sino recibir un cuerpo glorificado, físico y tangible.
Además de ser físico, ese cuerpo será inmortal. Ya no estará sujeto al dolor, la enfermedad o la muerte. Como enseña el Libro de Mormón en Alma 11:45, después de la resurrección, “los hombres no morirán más, y eso es inmortalidad”. Será un estado de plenitud, libre de las limitaciones que ahora conocemos.
También será un cuerpo perfecto en forma y función. Alma 11:43 habla de que el espíritu y el cuerpo se reunirán “en su perfecta forma, ni joven ni viejo, pero en la plenitud de la estatura del tiempo de su muerte, como era su naturaleza”. Eso quiere decir que no envejecerá ni sufrirá deterioro, sino que conservará la plenitud de su potencial.
En resumen, el cuerpo resucitado será real, glorioso, libre de corrupción y completamente redimido. No es una idea abstracta, sino una promesa basada en la resurrección de Cristo, quien fue el primero en vencer la muerte y abrirnos el camino. Gracias a Él, todos resucitaremos y viviremos para siempre en un cuerpo que nunca más se destruirá.
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