El bautismo bíblico: inmersión y autoridad
El bautismo es un paso importante en la fe cristiana, y según la enseñanza bíblica, no todas las formas son iguales. La Biblia muestra claramente que el bautismo por inmersión es el método correcto. Esto significa que la persona es sumergida completamente en agua, como lo hizo Jesús en el río Jordán con Juan el Bautista (Mateo 3:16). Esa imagen de hundirse y resurgir simboliza la muerte al pecado y la nueva vida en Cristo.
Pero no solo importa cómo se bautiza, sino también quién lo hace. La Escritura indica que el bautismo debe ser administrado por alguien con la debida autoridad espiritual. En los tiempos del Nuevo Testamento, eran apóstoles o ministros enviados por Dios quienes realizaban este sacramento. Este orden refleja un principio bíblico de orden y obediencia en las cosas espirituales.
Por ejemplo, en Hechos 8, Felipe bautiza al eunuco etíope después de que este creyó en Jesús. Felipe tenía autoridad como siervo del Señor, y el bautismo fue por inmersión, allí en medio del desierto. Ese momento no fue solo un ritual, sino un acto de fe y compromiso público.
Por eso, el bautismo verdadero no es una tradición vacía ni una costumbre cultural. Es un mandato de Jesús (Mateo 28:19-20) que implica sumergirse en agua bajo autoridad divina, como testimonio de la salvación recibida. Es más que un rito: es el primer paso de obediencia después de creer en el Evangelio.
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