El sonido más fuerte de la historia: la erupción del Krakatoa

En agosto de 1883, una explosión retumbó en todo el planeta. No fue una guerra, ni un arma, ni una tormenta. Fue la erupción del volcán Krakatoa, una isla situada entre Java y Sumatra, en Indonesia. Este cataclismo natural produjo el sonido más fuerte jamás registrado en la historia moderna: una onda sónica estimada en 310 decibelios.

Para ponernos en contexto, un avión despegando alcanza unos 140 decibelios, suficiente para causar dolor. El umbral del dolor humano está alrededor de los 130 dB. Los 310 dB del Krakatoa están muy, muy por encima de cualquier cosa que podamos imaginar. La explosión fue tan intensa que se escuchó a más de 4,800 kilómetros de distancia: como si en Madrid se oyera claramente un ruido proveniente de Nueva York.

La onda expansiva dio la vuelta al mundo al menos siete veces. Rompió ventanas en ciudades lejanas, generó tsunamis devastadores y mató a más de 36,000 personas. El cielo se oscureció durante días, y los atardeceres en Europa y América se tiñeron de rojo intenso durante meses debido a las partículas en la atmósfera.

Aunque hoy en día tenemos tecnología para medir sonidos con precisión, el Krakatoa sigue siendo insuperable. Ni siquiera las bombas atómicas más potentes han igualado su estruendo. Este evento no solo marcó la historia geológica, sino también la humana: una muestra de la fuerza infinita de la naturaleza frente a la cual, el ser humano solo puede escuchar y asombrarse.

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