Entendiendo la sensibilidad auditiva: Hiperacusia y Fonofobia
Aunque a menudo se confunden porque ambas generan un fuerte malestar ante los ruidos del entorno, la hiperacusia y la fonofobia son condiciones muy distintas en su origen y en cómo afectan al día a día.
La hiperacusia es un trastorno de origen principalmente físico. Quienes la padecen experimentan una menor tolerancia a los sonidos cotidianos —como el tintineo de los cubiertos, el tráfico o el murmullo de una conversación—, percibiéndolos a un volumen insoportable o incluso doloroso. Ocurre por una alteración en la forma en que el oído interno y el cerebro procesan la intensidad del sonido.
Por otro lado, la fonofobia es el miedo o la aversión psicológica hacia los sonidos en general o a ruidos específicos. A diferencia de la hiperacusia, no responde a una hipersensibilidad física en las vías auditivas, sino que está estrechamente ligada a la ansiedad. En muchos casos, suele desarrollarse tras haber vivido un evento traumático vinculado a un ruido intenso o inesperado.
En resumen, mientras que la hiperacusia es una respuesta física del sistema auditivo, la fonofobia es una reacción emocional y psicológica. Reconocer estas diferencias es fundamental para buscar el diagnóstico adecuado y mejorar la calidad de vida.
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