La oración de bendición después de la comunión
Después de recibir la Sagrada Comunión, en medio del silencio y la oración, la liturgia nos invita a elevar el corazón a Dios con una oración de agradecimiento y súplica. Una de estas oraciones, usada en el Tiempo Ordinario en la Diócesis de Davenport, dice: “Concede, Señor, que tus fieles, a quienes alimentas y vivificas con el alimento de tu Palabra y del Sacramento celestial, se beneficien de los grandes dones de tu amado Hijo, de tal manera que merezcamos una participación eterna en su vida. Él vive y reina por los siglos de los siglos”.
Esta oración no solo reconoce el don sagrado que acabamos de recibir en la Eucaristía, sino que también pide una transformación profunda. No se trata solo de un acto ritual, sino de una unión real con Cristo. Al recibir su Cuerpo y su Palabra, somos fortalecidos para vivir como sus discípulos en el mundo.
La frase “alimentos y vivificas” resalta que la Eucaristía no es solo simbólica: es alimento verdadero, que da vida. Y al pedir “una participación eterna en su vida”, reconocemos que este Sacramento es un anticipo del cielo, un vínculo con la vida divina que Cristo nos ganó con su muerte y resurrección.
En momentos como este, durante el Tiempo Ordinario, la Iglesia nos recuerda que cada domingo es una gracia para seguir creciendo en fe. Esta oración después de la Comunión nos ayuda a detenernos, agradecer y pedir: que lo que hemos recibido no quede solo en un momento de devoción, sino que cambie nuestra forma de amar, perdonar y servir.
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