Las motivaciones sociales representan aquellos impulsos profundos que configuran la finalidad de cada conducta humana. Desde la perspectiva de Romero (1999), operan como complejas redes de pensamientos y afectos —verdaderos motores internos— que dinamizan, orientan y sostienen el comportamiento hacia metas tanto interiores como exteriores valoradas por el individuo. ¿Cómo logran trascender el ámbito puramente individual para conectar con el entorno? Su función esencial radica en vincular la vida afectiva y cognitiva con los objetivos compartidos que dan sentido a la convivencia.

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