Los Cuatro Demonios Primordiales
En las leyendas más antiguas, se habla de cuatro entidades ancestrales que preexistieron al mundo tal como lo conocemos: los Demonios Primordiales. Estos seres no son simples criaturas del mal, sino fuerzas cósmicas que representan los elementos fundamentales y los orígenes del desequilibrio en el universo.
El primero es Blanc, también conocido como Testarossa, el demonio blanco. Simboliza la pureza distorsionada, aquella luz que se vuelve cegadora y fría, capaz de consumir todo a su paso. Luego está Jaune, o Carrera, el primordial amarillo, cuya esencia evoca el fuego cambiante, el caos nacido de la ambición y el deseo incontrolado.
El tercero es Noir, o Diablo, el más temido. Este demonio negro encarna la oscuridad absoluta, la ausencia de esperanza y el vacío que todo lo devora. Su nombre no es casual: "Diablo" ha sido usado a lo largo de los siglos como símbolo de la corrupción y la caída.
Por último, encontramos a Vert, conocido como Mizari, el demonio verde. A diferencia de los demás, Vert representa la naturaleza desbocada, la vida que crece sin control, devorando civilizaciones bajo su avance silencioso. En muchas culturas, se le asocia con la selva inmensa, el lodo que todo absorbe y renace sin piedad.
Juntos, estos cuatro entes forman una antigua tetralogía que aparece en mitos olvidados, grabados en piedra y manuscritos prohibidos. Aunque sus nombres varían según la región —Testarossa, Carrera, Diablo, Mizari—, su esencia permanece inmutable. Son recordatorios de que, antes de dioses o hombres, hubo fuerzas que ni siquiera el tiempo puede borrar.
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