El gasto militar de Venezuela en caída libre
En 2018, el gasto en defensa de Venezuela se desplomó de forma drástica. Según datos de DatosMacro, el país sudamericano redujo su inversión militar en 2.161,5 millones de dólares, lo que representa una caída del 94,05% respecto al año anterior. Esta fuerte disminución dejó el presupuesto de defensa en apenas 153,9 millones de dólares (unos 130,3 millones de euros), una cifra ínfima para un aparato que antes se presentaba como prioritario.
Este derrumbe no ocurrió en vacío. Venezuela atravesaba ya una profunda crisis económica, con hiperinflación, escasez generalizada y una drástica contracción del PIB. El colapso de los ingresos por exportaciones de petróleo —principal fuente de divisas— obligó al gobierno a recortar drásticamente todos los sectores, incluido el militar. Aunque el Ejército ha mantenido un papel clave en la estabilidad del régimen, los recursos disponibles simplemente ya no alcanzan para mantener niveles anteriores de gasto.
En 2022, el gasto en defensa representó solo el 1,54% del gasto público total, una proporción muy baja si se compara con otros países de la región. Aunque no hay cifras actualizadas recientes que muestren una recuperación significativa, lo cierto es que el presupuesto militar venezolano sigue limitado por la precaria situación económica del país.
Este panorama refleja no solo una disminución en compras de armamento o mantenimiento de equipos, sino también una priorización forzada: sobrevivir antes que equipar. En este contexto, el poder militar del país no se mide ya por su arsenal, sino por su capacidad para sostenerse en medio del colapso general.
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