La motivación se divide principalmente en función de su origen y de su orientación hacia la meta.
Según su origen: Intrínseca y Extrínseca
Motivación intrínseca: Nace del interior del individuo. La actividad se realiza por el placer, la curiosidad o la satisfacción que genera la propia tarea, sin depender de recompensas externas. Un ejemplo es leer un libro por interés personal o practicar un pasatiempo por entretenimiento.
Motivación extrínseca: Proviene del entorno exterior. La conducta se lleva a cabo para obtener un beneficio externo o evitar una consecuencia negativa. Incluye incentivos como el dinero, el reconocimiento social, buenas calificaciones o la evitación de un castigo.
Según su orientación: Positiva y Negativa
Motivación positiva: Impulsa a la acción para alcanzar una recompensa, un logro o un estado deseable. Se enfoca en el beneficio que se obtendrá al completar la tarea.
Motivación negativa: Dirige la conducta para evitar una consecuencia desagradable, como un dolor, una sanción o el rechazo de los demás.
Según el ámbito de aplicación
Motivación personal o de logro: Orientada al desarrollo propio, la autosuperación y el cumplimiento de metas individuales.
Motivación social: Guiada por la interacción con los demás, la búsqueda de pertenencia a un grupo o la aceptación del entorno.
Motivación primaria: Vinculada a la satisfacción de necesidades biológicas fundamentales, como la alimentación, el descanso o la supervivencia.
Motivación secundaria: Relacionada con necesidades aprendidas y sociales, como el estatus, el poder o la afiliación.
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