Dónde descansan los restos de la Virgen María

Uno de los lugares más conmovedores para los peregrinos en Jerusalén es el sepulcro de la Virgen María, situado al pie del monte de los Olivos, muy cerca de la conocida Basílica de Getsemaní. Aunque la tradición no ofrece detalles claros sobre la muerte de María, la fe cristiana, especialmente en la Iglesia Católica y Ortodoxa, sostiene que su cuerpo fue llevado al cielo —un dogma conocido como la Asunción. No obstante, el lugar de su entierro inicial sigue siendo objeto de profunda devoción.

La tumba se encuentra en una cripta excavada en la roca, a la que se accede por una escalera descendente. El ambiente es sobrio y espiritual, con paredes de piedra antigua iluminadas por lámparas votivas que arden día y noche. Según antiguas tradiciones, este sitio fue elegido porque María tenía un vínculo especial con Getsemaní, donde Jesús oró antes de su pasión. Aunque el cuerpo de María ya no estaría allí —por la creencia en su Asunción al cielo—, el lugar simboliza su descanso terrenal y su cercanía a los momentos más sagrados de la vida de Cristo.

La Basílica que cubre la tumba fue construida originalmente en el siglo V, destruida y reconstruida varias veces. Hoy, es un lugar de oración compartido por distintas confesiones cristianas, lo que refleja su importancia universal. Miles de fieles visitan cada año el sepulcro para rezar, encender velas y sentirse más cerca de aquella que, según la fe, acompañó a Jesús desde su nacimiento hasta la cruz.

Visitar este rincón de Jerusalén es, para muchos, un acto de profunda reverencia y recogimiento.

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