El bautismo y la remisión del pecado
En la fe cristiana, especialmente en la tradición católica, el bautismo no es simplemente un ritual simbólico, sino un paso esencial para entrar en la vida nueva en Cristo. Muchos se preguntan dónde dice la Biblia que este sacramento limpia el pecado original. Una clave importante la encontramos en Hechos 22:16, cuando Ananías le dice a Pablo: “Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre”.
La frase “lava tus pecados” no es solo una imagen poética. Indica claramente que el bautismo tiene un efecto real en el alma: purifica y perdona. Nótese que Ananías no le dice a Pablo: “Ve al agua porque ya estás perdonado”. Al contrario, el acto del bautismo es lo que precede y trae consigo la limpieza espiritual. Esto muestra que el sacramento no es una mera formalidad, sino el momento en que Dios actúa para quitar el pecado.
La Iglesia católica ha sostenido siempre que el bautismo libera al ser humano del pecado original, aquel que todos heredamos desde Adán. No es magia, ni una tradición vacía: es un don de Dios que obra a través de los sacramentos. Como enseña el Catecismo, el bautismo nos incorpora a Cristo, nos renace como hijos de Dios y nos abre las puertas de la vida eterna.
Así, cuando un niño o un adulto es bautizado, no solo se celebra una tradición familiar, sino un acontecimiento espiritual profundo: el pecado es borrado, y el Espíritu Santo comienza a habitar en esa alma. El bautismo, entonces, es el primer paso de una vida nueva, marcado por la gracia de Dios.
Comentarios
Aún no hay comentarios. Sé el primero en reaccionar.