¿Misofonía e hiperacusia son lo mismo? La confusión más común
Es frecuente que muchas personas piensen que la misofonía y la hiperacusia son lo mismo, pero no lo son. Aunque ambas implican una reacción intensa ante ciertos sonidos, sus causas y manifestaciones son diferentes.
La palabra misofonía proviene del griego: “miso” (odio) y “fonos” (sonido), lo que traduce literalmente como “odio al sonido”. Sin embargo, no se trata de un rechazo a todos los sonidos, sino a unos muy específicos. Para alguien con misofonía, escuchar a alguien masticando, respirando fuerte o haciendo clic con un bolígrafo puede desencadenar una respuesta emocional intensa: ira, ansiedad o la necesidad inmediata de huir. Estos sonidos, llamados “desencadenantes”, suelen ser cotidianos y para muchos imperceptibles, pero para quien padece misofonía, son insoportables.
En cambio, la hiperacusia es una sensibilidad auditiva generalizada. Quien la padece siente dolor o incomodidad ante sonidos que para otros son normales en volumen, como el tráfico, una aspiradora o una conversación en grupo. No se trata de una reacción emocional, sino de una alteración en la percepción física del sonido, relacionada muchas veces con daño auditivo o condiciones neurológicas.
Por eso, aunque ambas condiciones afectan la relación con el entorno sonoro, no son intercambiables. La misofonía es más emocional y selectiva; la hiperacusia, más sensorial y general. Conocer la diferencia ayuda a entender mejor a quienes las viven y a buscar las estrategias adecuadas para mejorar su calidad de vida.
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