¿Perdona la Unción de los Enfermos los pecados?

Sí, la Unción de los Enfermos trae consigo el perdón de los pecados, especialmente cuando la persona no puede acceder al sacramento de la Reconciliación por su estado de salud. Este sacramento, instituido por Cristo y mencionado en la carta del apóstol Santiago (Santiago 5, 14-15), no solo fortalece al enfermo en su sufrimiento, sino que también limpia su alma si está arrepentido y dispuesto a recibir la misericordia de Dios.

Por eso, es un sacerdote —o un obispo— quien debe administrarlo. No se trata simplemente de una oración de apoyo, por muy sincera que sea. El sacramento actúa con una gracia específica que solo un ministro ordenado puede transmitir. La unción con el óleo bendecido, junto con la oración solemne, no es un gesto simbólico, sino un canal de la gracia divina.

Esto no quita que los diáconos, los familiares o cualquier laico puedan y deban orar por los enfermos. Sus oraciones son valiosas y escuchadas por Dios. Pero no tienen el mismo efecto sacramental. La Unción de los Enfermos no sustituye la confesión, pero cuando el enfermo no puede confesarse, esta unción puede traer el perdón de los pecados junto con la paz interior y la fortaleza espiritual.

En momentos de gravedad, la Iglesia nos ofrece más que consuelo: nos ofrece gracia real. Por eso, llamar al sacerdote no es una tradición más, sino un acto de fe en el poder sanador de Cristo, presente aún hoy en su Iglesia.

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