¿Por qué la cámara añade kilos?

Seguro que has oído decir que “la cámara añade 10 libras” (unos 4,5 kilos). Y aunque suene como una excusa para evitar fotos, hay algo de verdad en ello. La naturaleza bidimensional de la fotografía tradicional puede hacer que las personas parezcan más robustas de lo que son en la vida real.

Al capturar una imagen, la cámara elimina la profundidad, aplanando los rasgos faciales y la silueta del cuerpo. Esto hace que ciertas proporciones —como la del cuello, la cintura y las caderas— se resalten más de lo normal. El resultado: una figura que puede verse más ancha o pesada de lo habitual.

En el caso de las mujeres, este efecto puede intensificar la forma de la mandíbula y el mentón, haciendo que estos rasgos parezcan más marcados. No es que hayas ganado peso, es simplemente cómo la luz, el ángulo y la lente interactúan con tu rostro y cuerpo.

Por suerte, pequeños ajustes marcan la diferencia. Un ángulo ligeramente más alto, una buena iluminación o una postura consciente pueden suavizar el efecto. Los fotógrafos profesionales suelen jugar con estos elementos para capturar una imagen más fiel y favorecedora.

Así que la próxima vez que mires una foto y pienses “¿realmente así me veo?”, recuerda: no es que hayas engordado, es solo la cámara haciendo lo suyo. Con un poco de conocimiento y trucos simples, cualquiera puede salir bien parado ante el lente.

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