¿Por qué la Iglesia Ortodoxa bautiza a los niños?
El bautismo de los bebés es una práctica profundamente arraigada en la tradición ortodoxa, no como una simple costumbre, sino como un acto de fe lleno de significado. Desde los primeros siglos del cristianismo, la Iglesia ha visto en el bautismo la entrada solemne de una persona en la familia de Dios, un paso que no depende de la edad o del entendimiento racional, sino de la gracia divina.
En este sentido, el bautismo infantil se entiende como el equivalente cristiano de la circuncisión en el Antiguo Testamento. Así como los niños israelitas eran incorporados al pueblo de la alianza mediante la circuncisión, hoy los niños cristianos son incorporados al Cuerpo de Cristo mediante el santo bautismo. No es una tradición vacía, sino un gesto que afirma que Dios llama a los seres humanos a su amor desde el primer momento de la vida.
Para los ortodoxos, la fe no es únicamente una decisión individual, sino también un don que se recibe en comunidad. Al bautizar a un bebé, los padres y padrinos asumen la responsabilidad de criarlo en la fe, confiando en que, con el tiempo, el niño madurará en la vida espiritual que ya ha sido sembrada en él. El rito incluye la inmersión completa en agua, el crisma y la recepción de la Sagrada Comunión, incluso para los más pequeños, mostrando que la gracia no tiene edad.
En definitiva, el bautismo de los niños en la Iglesia Ortodoxa es un acto de amor, esperanza y pertenencia: el comienzo de una vida en Cristo, desde el primer latido del corazón.
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