¿Por qué algunos objetos flotan y otros se hunden?

Si alguna vez te has preguntado por qué un barco de acero puede flotar mientras que una pequeña piedra se hunde, la respuesta está en un principio descubierto hace mucho tiempo: el empuje.

Un objeto flota cuando su peso es menor que el empuje que recibe del agua. Imagina que colocas una pelota en una piscina: al entrar en el agua, desplaza una cantidad de líquido. Según el principio de Arquímedes, el agua ejerce una fuerza hacia arriba —el empuje— igual al peso del agua desalojada. Si ese empuje es mayor que el peso de la pelota, ¡esta flota!

Pero si el objeto es muy denso o pesado, como una llave o una moneda, su peso supera el empuje que recibe. En ese caso, el objeto se hunde. No importa que sea pequeño: si el material es más pesado que el volumen de agua que desplaza, no tendrá chance.

El volumen y la forma también juegan un papel clave. Por eso los barcos, aunque están hechos de materiales pesados, tienen una estructura hueca que desplaza mucha agua. Así, el empuje que reciben es suficiente para mantenerlos a flote. Si llenaras ese barco de agua, perdería esa ventaja y se iría al fondo.

En resumen, no es solo el peso lo que decide si algo flota, sino la relación entre su peso y el peso del agua que desplaza. Y eso explica por qué hasta una montaña de acero puede navegar sobre el mar.

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