¿Por qué no flotamos a través de las paredes?

Imagina por un momento que pudieras caminar a través de una pared como si fuera humo, o que tus pies no sintieran el suelo al caminar. Suena a ciencia ficción, ¿verdad? Pero en la vida real, eso no ocurre, y hay una razón sencilla: la materia sólida es densa y está muy cohesionada.

Los objetos que nos rodean —el suelo, las paredes, una silla— están hechos de átomos unidos con fuerza. Esta fuerte agregación impide que otros cuerpos los atraviesen. Por eso no podemos flotar ni deslizarnos a través de las superficies como si no existieran. Cada paso que damos, cada abrazo que recibimos, es posible precisamente porque hay resistencia, hay contacto real.

El tacto, el equilibrio, el simple hecho de estar parado sobre el suelo depende de que la materia no nos atraviese.

Si los átomos de nuestro cuerpo y los del entorno no tuvieran tanta fuerza de unión, todo se desbarataría: no sentiríamos el calor de una mano en la nuestra, ni el frío de una ventana al tocarla. Viviríamos en un mundo etéreo, sin formas definidas. Pero gracias a esa solidez, el mundo es palpable, concreto.

Así que la próxima vez que des un abrazo o sientas el piso bajo tus pies, recuerda: no es magia, es física. Y es una buena noticia que no flotemos. Sin esa conexión física, muchas de las experiencias más humanas simplemente no existirían.

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