¿Quién puede bautizar en caso de necesidad?

El bautismo es un sacramento esencial para la vida cristiana, según enseña la Iglesia. Jesús dijo: “Amen, te digo que el que no nazca de agua y Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios” (Juan 3:5). Por eso, el Catecismo de la Iglesia Católica afirma que el bautismo es ordinariamente necesario para la salvación (CIC 1257).

Normalmente, este sacramento lo administra un sacerdote o diácono. Sin embargo, en situaciones de peligro de muerte, como con un recién nacido gravemente enfermo, no se puede esperar. En esos momentos, la Iglesia reconoce que cualquier persona, sin importar su religión o creencias, puede y debe bautizar si así se puede salvar una vida.

Lo importante es hacerlo correctamente: se debe usar agua y pronunciar la fórmula bautismal: “Yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”. Y la persona debe tener la intención de hacer lo que la Iglesia hace al bautizar —algo que incluso un no creyente puede querer, si desea lo mejor para quien está en peligro.

Esto no significa que el bautismo sea menos sagrado. Al contrario, muestra cuánto valora Dios cada alma. En casos extremos, Dios no se limita a los ministros ordenados; abre la gracia a través de quien esté dispuesto a actuar con amor y fe.

Así, aunque los sacerdotes son los ministros ordinarios del bautismo, la misericordia de Dios puede fluir a través de cualquier persona dispuesta a ser instrumento de su gracia en el momento preciso.

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