La misofonía, ese trastorno en el que ciertos sonidos cotidianos como masticar, respirar o teclear generan una intensa reacción emocional de irritación o rabia, no es solo un problema de sensibilidad auditiva. Su abordaje requiere una mirada integral y coordinada.
El papel clave de los especialistas
Aunque los audiólogos desempeñan una función esencial al evaluar la salud del oído y descartar otras afecciones como la hiperacusia, el tratamiento de la misofonía va mucho más allá de la simple amplificación o protección sonora. Para lograr resultados reales, es fundamental contar con un enfoque multidisciplinario.
En este equipo de profesionales, la colaboración entre psiquiatras y psicólogos resulta indispensable. Mientras que la parte audiológica ayuda a comprender cómo procesa el sistema auditivo los estímulos sonoros, la terapia psicológica —especialmente enfoques como la terapia cognitivo-conductual— trabaja directamente en cómo el cerebro interpreta y reacciona ante esos molestos detonantes.
Superar o aprender a convivir con la misofonía no depende de una sola disciplina. La combinación de la experiencia clínica en salud mental y la especialización auditiva ofrece a quienes la padecen el camino más eficaz para recuperar su bienestar y tranquilidad en el día a día.
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