El TDAH en adolescentes con alta inteligencia: ¿un trastorno enmascarado?

¿Puede un coeficiente intelectual alto ocultar el TDAH? La respuesta es sí. Aunque pueda parecer contradictorio, tener una alta capacidad intelectual no protege contra el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Al contrario, en muchos casos, la inteligencia elevada puede enmascarar los síntomas, retrasando o dificultando el diagnóstico.

Estos jóvenes, conocidos como "doblemente excepcionales" (2e), poseen un alto potencial cognitivo, pero también luchan con inquietud, impulsividad o dificultad para mantener la concentración. Su habilidad para compensar con creatividad, memoria o razonamiento rápido les permite aparentar un rendimiento normal, incluso brillante en algunos casos, lo que engaña a profesores, padres e incluso a especialistas.

Por ejemplo, un estudiante puede sacar buenas notas sin esfuerzo hasta la adolescencia, momento en que las demandas académicas aumentan. Entonces, comienzan a aparecer el desorganización, la procrastinación crónica o el bajo rendimiento en tareas que requieren autorregulación. Muchos son etiquetados como "perezosos" o "desmotivados", cuando en realidad están lidiando con un trastorno no diagnosticado.

Reconocer el TDAH en personas con alta inteligencia requiere una evaluación cuidadosa. No se trata de bajar el listón académico, sino de entender cómo coexisten la excelencia y la dificultad. Detectar el doble excepcional (2e) a tiempo permite ofrecer el apoyo adecuado: estrategias de organización, terapia o ajustes en el entorno educativo.

La clave está en no asumir que el talento excluye la vulnerabilidad. Al contrario: reconocer ambas caras del perfil 2e es un paso esencial hacia una educación más inclusiva y justa.

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