¿Es posible tener un infarto sin darte cuenta?

Sí, es posible. Existen los llamados infartos silenciosos, o ataques cardíacos asintomáticos, que ocurren sin que la persona siquiera se dé cuenta. A diferencia de los infartos típicos, que suelen venir con dolor en el pecho, mareos o dificultad para respirar, estos episodios pasan desapercibidos.

En muchos casos, los síntomas son tan leves o tan confusos que se toman por indigestión, fatiga o un mal rato. Algunas personas sienten una ligera opresión en el brazo, una punzada en la espalda o una inusual sensación de cansancio, pero no asocian estas señales con el corazón. Por eso, muchas veces el infarto se descubre mucho después, durante un examen médico de rutina.

Los factores de riesgo como la diabetes, la hipertensión o tener antecedentes familiares de enfermedades cardíacas aumentan la posibilidad de sufrir un infarto silencioso. Las personas con diabetes, en particular, tienen más probabilidades de experimentar este tipo de episodios, ya que la neuropatía diabética puede dificultar la percepción del dolor.

Por eso es tan importante hacer controles regulares, especialmente si tienes más de 45 años o vives con factores de riesgo. Pequeños cambios en el estilo de vida —como una dieta equilibrada, hacer ejercicio y dejar el tabaco— pueden marcar una gran diferencia en la salud del corazón.

No subestimes lo que no sientes. Un infarto sin síntomas sigue dañando el músculo cardíaco. Y aunque no lo notes en el momento, las consecuencias pueden aparecer más adelante. Escuchar a tu cuerpo, aunque hable en susurros, es esencial para prevenir complicaciones graves.

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