¿Qué comer antes de subir a la altura?

Subir a zonas de gran altitud exige un esfuerzo extra de tu cuerpo, por eso es clave alimentarse bien antes de comenzar la ascensión. Si puedes, la mejor estrategia es cenar fuerte la noche anterior. Opta por una comida rica en carbohidratos complejos: pastas, arroz, papa o quinoa ayudan a llenar tus reservas de energía.

Evita comidas pesadas o muy grasosas, que pueden ralentizarte al día siguiente. Algo ligero pero nutritivo, como una pechuga de pollo con puré de papas y verduras, es ideal. Dormir bien después de esa cena también es clave para un rendimiento óptimo.

En el trayecto hacia el destino, es muy útil llevar bocadillos que puedas comer en el coche. Plátanos, barritas energéticas y obleas de avena son excelentes opciones: son fáciles de digerir, ligeros y aportan energía rápida sin pesadez. Además, al tener poco peso, no sobrecargan tu mochila —y también ayudan a prevenir el hambre repentino cuando más lo necesitas.

Recuerda también hidratarte bien antes de la subida. Aunque no lo notes, el aire en altura es más seco y tu cuerpo pierde líquidos más rápido. Un buen desayuno con frutas, té o café (en moderación) y algo de sal (como pan con mantequilla o queso bajo en grasa) te prepara desde adentro.

La clave está en anticiparse: no esperes a tener hambre en mitad del camino. Con una buena cena previa, algo para picar en el trayecto y una hidratación constante, tu cuerpo agradecerá cada detalle cuando empiece la caminata.

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