¿Por qué algunos objetos flotan y otros no?

Cuando lanzas un trozo de madera en el agua, flota. Pero si haces lo mismo con una piedra, esta se va directo al fondo. ¿Qué determina si algo flota o se hunde? La respuesta está en la densidad.

La densidad es una medida de cuánta masa tiene un objeto en un cierto volumen. Cuando sumerges un cuerpo en un fluido, como el agua, este experimenta una fuerza hacia arriba llamada empuje. Si el empuje es mayor que el peso del objeto, este flota; si no, se hunde.

En la práctica, todo depende de la comparación entre la densidad del objeto y la del fluido. Por ejemplo, el agua dulce tiene una densidad de aproximadamente 1 gramo por centímetro cúbico. Si un objeto, como un tronco de árbol, tiene una densidad menor que ese valor, flotará. En cambio, un trozo de hierro, mucho más denso, se hundirá sin remedio.

Curiosamente, esto también explica por qué los enormes barcos, hechos de acero, pueden flotar. Aunque el acero es más denso que el agua, los barcos están diseñados con grandes espacios vacíos que reducen su densidad promedio, permitiéndoles desplazar suficiente agua para generar el empuje necesario.

Así que, aunque parezca mágico, no lo es: flotar o hundirse se reduce a una sencilla comparación entre densidades. Y eso vale tanto para un clavo como para un transatlántico.

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