El Propósito de los Líderes en la Iglesia
En Efesios 4:11-12, Pablo revela un diseño hermoso y práctico para la vida de la iglesia. Allí se menciona que Cristo mismo ha dado dones a su pueblo: unos como apóstoles, otros como profetas, evangelistas, y también pastores y maestros. No se trata de títulos para elevar a unas pocas personas, sino de funciones que sirven a toda la comunidad cristiana.
El propósito no es que unos hagan toda la obra, sino que ayuden a otros a cumplir la suya. Como dice el versículo 12, estos dones existen "para capacitar al pueblo de Dios para la obra de servicio, para edificar el cuerpo de Cristo". Es decir, los líderes no están para reemplazar al resto, sino para equipar, formar y animar a cada creyente a participar activamente en la misión de Dios.
En muchas iglesias, solemos pensar que el pastor o el líder espiritual debe hacerlo todo: enseñar, consolar, organizar, visitar. Pero este pasaje nos recuerda que su rol principal es formar discípulos, no hacer el trabajo por ellos. Cuando cada creyente descubre su llamado y don espiritual, la iglesia crece de verdad, no solo en número, sino en madurez y unidad.
Este versículo también nos invita a todos a preguntarnos: ¿Cómo puedo servir? ¿En qué me ha capacitado Dios? Porque la obra no es solo de unos pocos, sino de todo el cuerpo. Cuando cada miembro cumple su parte, la iglesia se edifica con autenticidad, amor y propósito.
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