La oración de la unción de los enfermos

“Por esta santa unción y por su bondadosa misericordia, te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo. Para que, libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en tu enfermedad. Amén.”

Estas palabras son pronunciadas por el sacerdote en el sacramento de la unción de los enfermos, un momento profundo de consuelo y esperanza. No se trata solo de una oración, sino de un acto de cercanía divina en medio del sufrimiento. Con el aceite bendecido, el padre unge al enfermo, invocando la presencia sanadora de Cristo.

La unción no promete siempre la curación física, pero sí ofrece fuerza espiritual, paz interior y el perdón de los pecados. Es un gesto antiguo, arraigado en la tradición cristiana desde los primeros tiempos, como se menciona en la carta de Santiago: “Que roguen por él los presbíteros de la iglesia y lo unjan con aceite en el nombre del Señor” (Santiago 5,14).

En momentos de fragilidad, esta oración recuerda que nadie está solo. El Señor, según la misericordia que tanto destaca la enseñanza del Papa Francisco, se acerca al corazón del que sufre. No es una fórmula mágica, sino una invitación a confiar, a abrirse a la gracia aun en medio del dolor.

Para muchos, recibir esta unción es un alivio profundo, no solo emocional, sino espiritual. Es como un abrazo silencioso de Dios que dice: “Estoy contigo”. Y aunque la enfermedad persista, la paz que deja esta oración muchas veces cura lo que los ojos no ven.

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