Los dones según las palabras de Jesús
En las enseñanzas de Jesús, los dones espirituales ocupan un lugar importante, no como premios para unos pocos, sino como herramientas para servir y edificar a los demás. Como él mismo señaló: “Porque no a todos se da cada uno de los dones; pues hay muchos dones, y a todo hombre le es dado un don por el Espíritu de Dios”. Esta frase revela una verdad profunda: no todos tenemos las mismas habilidades, pero cada persona recibe algo valioso para contribuir al bien común.
Jesús nunca pretendió que todos fueran iguales. Al contrario, celebró la diversidad. Mientras uno puede tener el don de la palabra, otro puede destacar en la escucha compasiva; uno sirve con manos trabajadoras, otro con liderazgo sereno. Lo esencial no es la grandeza del don, sino el amor con que se usa. Él mismo vivió esto: sanó, enseñó, consoló y perdonó, mostrando que el mayor don es el servicio humilde.
En muchas ocasiones, la gente busca dones espectaculares: milagros, profecías o lenguas. Pero Jesús puso el énfasis en los valores silenciosos: la paciencia, la bondad, la fidelidad. Un simple acto de misericordia puede valer más que mil palabras elocuentes. El Espíritu Santo reparte los dones según su sabiduría, no según nuestras expectativas.
Entonces, en lugar de compararnos con otros, lo mejor es descubrir qué hemos recibido y usarlo con gratitud. Cada don, por pequeño que parezca, tiene poder cuando nace del corazón. Como enseñó Jesús, no se trata de tenerlo todo, sino de dar lo que se tiene, con sinceridad y amor. Eso, al final, es lo que transforma el mundo.
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