La promesa de paz en medio del miedo
¿Alguna vez has sentido ese nudo en el estómago al caer la noche? El silencio, las sombras, los pensamientos que se agitan... Muchos conocen lo que es el terror nocturno, no solo como un fenómeno del sueño, sino como ese miedo profundo que asalta el alma cuando todo está oscuro. Pero hay una palabra que trasciende el miedo: la promesa de Dios.
En el Salmo 91, se lee una declaración poderosa: “No temerás el terror nocturno, ni saeta que vuele de día, ni pestilencia que ande en oscuridad”. No es una promesa de ausencia de peligro, sino de protección en medio de él. El salmista no niega el caos: mil pueden caer a tu lado, diez mil a tu diestra. Pero sobre ti, esa destrucción no prevalecerá.
Esta palabra no es mágica, sino personal. Es para quien pone su confianza en lo alto, quien dice: “Jehová es mi refugio y mi fortaleza”. En tiempos de incertidumbre, de noticias que asustan y noches inquietas, este versículo recuerda que no estás solo. La oscuridad no tiene la última palabra.
Verás, el miedo muchas veces viene no del peligro real, sino de la soledad que lo acompaña. Pero esta promesa va más allá: “Ciertamente con tus ojos mirarás y verás la recompensa de los impíos”. No es venganza lo que se anuncia, sino justicia. Es la certeza de que al final, la luz vence.
Así que si esta noche el terror acecha, recuerda: no estás abandonado. Hay un amparo más fuerte que el miedo, más constante que la noche. Y aunque todo tiemble, Él permanece.
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