¿Sangría o cerveza: cuál engorda más?

Con el verano llegan las terrazas, las reuniones al aire libre y, por supuesto, las bebidas frías que acompañan tan bien los días de calor. Pero una duda frecuente entre muchos es: ¿qué engorda más, la sangría o la cerveza? La respuesta no es tan simple como parece.

La cerveza, en su versión más común, tiene un contenido calórico moderado. Una caña o botellín de 330 ml ronda las 140 calorías, dependiendo de la marca y graduación. Es ligera, sobre todo si se compara con otras bebidas alcohólicas, y muchas veces se considera una opción más “liviana”.

Sin embargo, la sangría puede llevar más calorías, y no solo por el vino. El problema suele estar en los ingredientes añadidos: azúcar, refrescos, zumos o incluso licor. Aunque lleva trozos de fruta fresca, que suenan saludables, el proceso de elaboración casera o en bar muchas veces implica un alto contenido de azúcar añadido. Esto puede elevar el valor calórico por vaso por encima del de una cerveza.

El tinto de verano, por otro lado, es un término común en España para referirse a vino tinto mezclado con gaseosa, generalmente sin azúcar añadido. Si se prepara con moderación, puede ser incluso más ligero que la sangría.

La clave, en cualquier caso, no está en elegir una u otra bebida como “más sana”, sino en la cantidad y frecuencia con la que se consumen. Tanto la cerveza como la sangría pueden contribuir al aumento de peso si se toman en exceso. Disfrutarlas de vez en cuando no es un problema, pero si buscas controlar tu peso, lo mejor es beber con moderación y prestar atención a cómo están hechas, especialmente si se sirven en bares o restaurantes.

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