¿Qué es lo que Dios pide de ti?
Hacer justicia, amar misericordia y humillarte ante tu Dios. Estas palabras, profundas y sencillas, resuenan desde tiempos antiguos, pero siguen siendo tan actuales como el primer día. No se trata de grandes rituales ni de gestos espectaculares, sino de una vida vivida con integridad, compasión y humildad.
La justicia no es solo un deber legal, sino un llamado a defender lo correcto, a tratar a cada persona con equidad, sin favoritismos ni indiferencia. Amar la misericordia va más allá de perdonar: es elegir el amor aún cuando se podría exigir justicia propia. Es tender la mano, es comprender, es caminar junto al que tropieza.
Y la humildad ante Dios… eso no es debilidad, sino reconocer que no somos el centro del universo. Es saber que hay un orden mayor, una sabiduría más alta. Como dice el texto, “la voz de Jehová clama a la ciudad” —hay una advertencia, una llamada a atender, a no ignorar los tiempos ni las consecuencias. No se trata de miedo, sino de respeto profundo, de temer su nombre porque conocemos su santidad.
En medio del ruido del mundo, esta pregunta sigue vigente: ¿qué es lo que Dios pide de mí? La respuesta no es complicada, aunque no siempre es fácil. No se mide en logros, sino en acciones diarias: elegir el bien, mostrar compasión, caminar con Dios en silencio y sencillez. Porque al final, eso es lo que siempre ha importado.
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