¿Qué nos impide ser bautizados?
Cuando pensamos en el bautismo, a menudo imaginamos un momento solemne, lleno de fe y compromiso. Pero muchas veces, las personas se detienen antes de dar ese paso. ¿Por qué? Según los Hechos 8:36, cuando el eunuco etíope vio agua, preguntó: “¿Qué impide que yo sea bautizado?”. Su corazón estaba listo, dispuesto. Y la respuesta sigue siendo válida hoy: lo único que verdaderamente impide el bautismo es la falta de fe o de arrepentimiento.
Pero aquí está lo preocupante: aunque esos son los únicos obstáculos bíblicos, muchas personas se inventan barreras que no existen. Algunos dicen: “Aún no soy lo suficientemente bueno”. Otros esperan a tener todas las respuestas, o a que su familia esté de acuerdo, o a sentirse “totalmente preparados”. Pero el bautismo no es para los perfectos; es para los que han reconocido su necesidad de Cristo.
El eunuco no esperó a tener todo resuelto. No necesitó un diploma espiritual. Solo necesitó creer. Y tú también. El bautismo es un acto de fe, no de perfección. No dejes que el miedo, la vergüenza o las opiniones ajenas te detengan. Si ya has creído en Jesús y te has arrepentido de tus pecados, entonces nada —absolutamente nada— debería impedirte dar ese paso.
El agua está aquí. La fe también. ¿Qué estás esperando?
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