El fenómeno de la noche polar en Utqiaġvik

Imaginar un lugar donde el sol se oculta a finales de otoño y no vuelve a salir hasta el año siguiente puede parecer el escenario de una película de ciencia ficción. Sin embargo, esta es la realidad anual de los habitantes de Utqiaġvik, una remota ciudad en el extremo norte de Alaska. Anteriormente conocida como Barrow, esta localidad ostenta el título de ser una de las comunidades más septentrionales del planeta, lo que la sitúa en una posición geográfica propicia para experimentar fenómenos astronómicos extremos.

Cada mes de noviembre, este poblado se despide de la luz diurna para adentrarse en la denominada noche polar. Durante este periodo, el sol permanece completamente por debajo del horizonte debido a la inclinación del eje de la Tierra en relación con su órbita. En un ciclo habitual, como el ocurrido a finales de 2023, los rayos solares desaparecen por completo, sumiendo a la región en una penumbra continua que se prolonga hasta finales de enero del año siguiente.

Para los cerca de 4.000 residentes que habitan en Utqiaġvik, este prolongado letargo invernal no es ninguna sorpresa, sino una parte fundamental de su cultura y su rutina diaria. A pesar de la oscuridad absoluta y las temperaturas extremas que caracterizan al invierno ártico, la vida en la comunidad no se detiene. Sus ciudadanos están plenamente adaptados, recurriendo a sistemas de iluminación artificial y manteniendo sus actividades cotidianas a la espera del ansiado amanecer que, tras más de sesenta días de espera, marca el inicio del deshielo y el regreso de la luz.

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