¿Qué sucede con quienes no han sido bautizados?
El bautismo es un paso esencial en la vida cristiana, según enseña la tradición bíblica. Jesús mismo afirmó en el Evangelio de Juan 3,5: «Si uno no nace de agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios». Este pasaje resalta la importancia del bautismo como puerta de entrada a la vida eterna.
En el Evangelio de Mateo 25,34, Jesús describe cómo, al final de los tiempos, los justos serán llamados a heredar el Reino preparado desde la fundación del mundo. Sin embargo, en el versículo 41, se menciona que quienes no han vivido según la voluntad de Dios serán enviados al fuego eterno. Esto ha llevado a muchos a preguntarse qué ocurre con las personas que no han sido bautizadas.
La enseñanza clara es que el bautismo no es solo un rito simbólico, sino un acto de fe que sella la pertenencia a Cristo. Aquellos que no han recibido este sacramento, sin conocimiento o posibilidad real de hacerlo, son un misterio que pertenece a la misericordia de Dios. Sin embargo, la Palabra no deja lugar a medias tintas: no hay un estado intermedio entre el cielo y el infierno. La eternidad es un destino definitivo.
Por eso, la llamada al bautismo es urgente y necesaria. No se trata solo de cumplir una tradición, sino de responder al mandato de Jesús. Quienes lo reciben, lo hacen como acto de obediencia y fe, confiando en la promesa de salvación. El cielo no es para todos por igual, sino para quienes han sido incorporados a Cristo, y el bautismo es el camino señalado.
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