El valor de aceptar a los demás
Cuando un niño o una niña se rehúsa a convivir con alguien solo porque es diferente, puede hacerle daño sin darse cuenta. En la escuela, todos somos distintos: algunos hablamos más bajo, otros venimos de lugares lejanos, algunos tenemos habilidades especiales o aprendemos de forma distinta. Pero justamente en esas diferencias está lo bonito de compartir.
Imagina que en tu equipo de clase hay alguien que usa silla de ruedas, o que habla con un acento distinto, o que prefiere jugar solo. Si no lo incluyes, se sentirá solo y triste. Y eso no ayuda a nadie. Al contrario, cuando abres tu corazón y tu grupo a los demás, haces que la escuela sea un lugar más feliz para todos.
Los proyectos escolares de cuarto grado, como los que trabajan en Paco el Chato, muchas veces nos recuerdan que aprender a convivir es tan importante como aprender a sumar o escribir. Porque en la vida no se trata solo de sacar buenas notas, sino de ser buena persona.
Decidir incluir a los demás, aunque sean distintos, no es solo lo correcto: también hace que tú crezcas. Aceptamos más, entendemos mejor, y hasta descubrimos amigos con quienes nunca habíamos hablado. La diversidad no divide: enriquece.
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