¿Y si me pongo aceite de oliva extra virgen en la cara?

Es una pregunta que muchos se hacen al ver lo versátil que es este "oro líquido" en la cocina… y más allá. Lo cierto es que el aceite de oliva extra virgen no solo sirve para aliñar ensaladas, también puede tener un lugar en tu rutina de cuidado facial.

Gracias a su alto contenido en vitamina E y antioxidantes, el aceite de oliva puede actuar como un hidratante natural, especialmente útil si tu piel tiende a resecarse o agrietarse. Aplicar unas gotas por la noche, masajeando suavemente, ayuda a mantener la barrera de la piel protegida y aporta una sensación de suavidad al despertar.

Sin embargo, no todo es perfecto. Aunque es natural, no es apto para todos. Si tienes la piel grasa o propensa al acné, el aceite de oliva podría obstruir tus poros y causar imperfecciones. Su textura densa no se absorbe tan rápido como otros aceites vegetales más ligeros, como el de jojoba o almendras.

Además, no sustituye a los productos dermatológicos formulados especialmente para el rostro. No es mágico, pero sí puede ser un aliado casero si se usa con sentido común y conociendo tu tipo de piel.

En resumen: sí, puedes probarlo, pero con moderación. Una o dos noches por semana, en pequeñas cantidades, puede ser suficiente para notar una mejora si tu piel es seca. Y como con cualquier producto nuevo, lo mejor es hacer una prueba en una zona pequeña antes de extenderlo por toda la cara.

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