¿Qué sucede si no somos bautizados?
El bautismo no es solo un ritual, sino un paso esencial en el camino hacia el reino de Dios, según las enseñanzas de Jesucristo. En 3 Nefi 11:33–34, Él mismo declaró que quienes creen en Él y son bautizados recibirán la vida eterna, mientras que quienes no creen ni reciben el bautismo serán condenados. Estas palabras resaltan la importancia que el Salvador da a este sacramento.
El bautismo no salva por sí solo, pero es el primer paso de una senda de discipulado, arrepentimiento y obediencia. Como enseña 2 Nefi 31:17–18, es la puerta por la cual comenzamos a seguir a Cristo. Sin atravesarla, es difícil avanzar plenamente en el camino de la salvación. No se trata simplemente de una ceremonia, sino de un pacto solemne con Dios: prometer seguir a Jesucristo, recibir el Espíritu Santo y esforzarse por vivir según Sus enseñanzas.
Esto no significa que quienes aún no han sido bautizados están automáticamente excluidos de la misericordia de Dios. La misericordia divina es infinita y Dios juzga con justicia y conocimiento perfecto de cada corazón. Sin embargo, la enseñanza clara es que el bautismo es ordenado por Cristo como parte del plan de salvación.
Para quienes tienen la oportunidad, rechazar el bautismo sin causa justa puede significar alejarse de una bendición espiritual fundamental. Pero para quienes no han tenido la oportunidad en esta vida, las Escrituras también hablan de la posibilidad de que se les ofrezca el evangelio en la vida venidera.
En última instancia, el bautismo no es un simple requisito, sino una invitación a comenzar una nueva vida en Cristo.
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