Antes del quebrantamiento es la soberbia
"Antes del quebrantamiento es la soberbia" es una frase profunda que, aunque antigua, sigue resonando con fuerza en nuestros días. No se trata solo de un refrán moral, sino de una advertencia clara sobre las consecuencias de la arrogancia. Cuando el poder ciega, cuando los líderes olvidan que fueron llamados a servir y no a beneficiarse, la caída es inevitable.
En muchas ocasiones, quienes alcanzan posiciones de autoridad terminan por creerse superiores. Se alejan del pueblo, olvidan las necesidades de los más vulnerables y toman decisiones guiadas por el ego, la venganza o la avaricia. No ven el abismo que se abre bajo sus pies. Pero la historia es testigo: la soberbia siempre encuentra su límite.
Y entonces llega el quebrantamiento. No como un castigo divino arbitrario, sino como consecuencia natural. El pueblo se levanta, la verdad sale a la luz, el sistema se resquebraja. Es ahí donde aparece la verdadera medicina: la humillación. No en sentido cruel, sino como despertar. Como oportunidad de regresar al camino con humildad, con responsabilidad, con propósito.
Recordar este principio no es solo ejercicio de fe o filosofía; es una necesidad cívica. Los que tienen poder deben saber que no es un trono, sino un encargo. Y si lo olvidan, la historia, una y otra vez, les recuerda con fuerza: antes de la caída, siempre hay un momento de orgullo mal puesto.
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